Entre copas, asados y amigos

Bien es sabido que del dicho al hecho hay un trecho y la gente de Mendoza nos ha demostrado que para ellos su palabra es compromiso.
Llegamos a esta árida región desde Santiago de Chile atravesando la cordillera de los Andes y disfrutando de un paisaje multicolor coronado por el Aconcagua. Uno no deja de sorprenderse de los caprichos de la fama al respecto de determinados lugares del mundo y sirva el presente a modo de ejemplo, que sin tener nada que envidiar a otros muchísimo más conocidos, es solo referencia para la gente de montaña.
Si Buenos Aires, y en realidad toda Argentina, huele a asado, Mendoza huele a vino. No hemos conocido a mendocino que no se enorgullezca de su ciudad y de sus vinos, y a bien cierto que lo hacen con todo merecimiento pues podemos dar fe de ello al haber disfrutado de sus arboladas y soleadas avenidas, parques y plazas en nuestros paseos diarios por la ciudad - dicen que los mendocinos saben lo que es vivir - y al ser protagonistas de sendas visitas a bodegas y un restaurante de cata de vinos.
Argentina tiene la profunda y envidiable tradición de agregar amigos alrededor de una buena parrilla de carne en las que el tiempo se detiene y no existen personas ajenas. Hemos tenido la suerte de vivir esta experiencia con dos familias que conocimos en dos momentos pretéritos de nuestro periplo por la Patagonia argentina
No vamos a olvidar como fuimos recibidos y agasajados por la familia Quinteros tanto en el restaurante de cata como en su quincho a las afueras de Mendoza ni tampoco el cariñoso recibimiento y trato de Vivi y su familia y amigos con los que compartimos paseos y risas por la ciudad, alrededores y bodegas.
Señores, va por ustedes!